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En
1927, Sebastián Luna llega a Tierra del Fuego para instalarse en lotes que habían pertenecido a la
estancia San Pablo. Hizo su primera casa con madera trabajada a mano y luego instaló un aserradero para
construir las demás viviendas.
En 1929 trajo a su esposa, en barco hasta Porvenir (Chile) y por tierra hasta Río Grande. Desde allí
en carreta hasta su campo.
Sebastián Luna era originario del Chaco y su profesión, la odontología. Su hijo Rodolfo (Rolito,
nombre con que el pionero bautiza la Estancia), padre de la actual propietaria, también fue dentista, pero
su amor por el campo hizo que abandonara su profesión y dedicara su vida a la Estancia.
Ana, su hija y su familia son los anfitriones que reciben a los visitantes.
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